La boda es un evento que marca un antes y un después en la vida de los contrayentes, y todos esperan que el matrimonio que está formándose sea feliz y fecundo. Tal vez sea por ello, por el paso que implica en la vida de estas dos personas contraer matrimonio, que la boda conserve tantas tradiciones, algunas de ellas incluso bastante supersticiosas. Es un evento sumamente ritualizado y no son tantas las parejas que se atreven a innovar y cambiar las reglas.
Ya sea porque seas una persona conservadora y tradicional, o bien porque todo lo relacionado con la boda te parezca curioso y divertido, he aquí algunas de las tradiciones mejor conservadas en cuanto a bodas se refiere, para que las tengas en cuenta (ya sea que decidas seguirlas o bien las descartes). Lo sorprendente del caso es que cada una de estas costumbres, incluso las más insólitas, tiene una explicación…
Tradiciones que rodean a la alianza
¿Sabes por qué se lleva la alianza en el dedo anular? Pues porque los antiguos griegos pensaban que la vena principal del corazón pasaba por allí. Pero incluso desde épocas más antiguas, por ejemplo, en el siglo XIII en Egipto, ya se intercambiaban alianzas el día de la boda. En tiempos de los romanos, los anillos eran de hierro y sólo los senadores y magistrados podía usar alianzas de oro. La costumbre se fue generalizando, pero al principio la Iglesia no las aceptaba como parte de la ceremonia. Hasta que, en el siglo IX, el papa Nicolás I, decretó que el hecho de entregar el anillo a la novia es ya una declaración oficial de la intención de contraer matrimonio.
El sentido del anillo es que, como el amor, no tiene principio ni final. En la actualidad, la alianza más comúnmente usada es la de oro y diamantes, ya que significa que el amor durará tanto como estos materiales preciosos.
La tradición del pastel de bodas
Otra tradición muy antigua, que nació en la antigua Roma, cuando se rompía un pan en la cabeza de la novia para simbolizar su fertilidad. Los invitados recogían y comían as migajas. Más adelante, en el siglo XVII, en Inglaterra comenzaron a hacerse muchas pequeñas tartas apiladas, no dulces como ahora, sino de harina, sal y agua. La pareja debía besarse encima de la pila de tartas, que casi siempre se caía. Pocos años después se cambió la pila de tartas por un pastel gigante. También es inglesa la costumbre de esconder un anillo en el pastel, para asegurarle felicidad al invitado que lo encontrara en su porción. En cuanto a la parte superior del pastel, suele guardarse para el bautismo del primer hijo.
A través de a historia se ha representado con el pastel la fertilidad y la buena suerte para la pareja. Al convidar pastel, se contagia de la suerte a los invitados. El primer corte del pastel lo hacen los dos novios juntos con un mismo cuchillo.
El vestido de novia
Las novias suelen casarse vestidas de blanco para simbolizar la virginidad, la inocencia y la pureza. Pero no siempre fue así ni en todos los países la tradición es la misma. Antes de que la Reina Victoria impusiera la actual tendencia, las jóvenes se inclinaban por el color plateado. Para el Islam, por ejemplo, es el negro el color de la pureza, mientras que las novias japonesas se visten de rojo.
Otras tradiciones (y supersticiones) que rodean al vestido es que la novia no debe confeccionarlo hecha misma pues se considera mala suerte. También es desafortunado que el novio lo vea antes del momento de la ceremonia. Tampoco se considera bueno usar un vestido prestado o usado (¿estrategia de marketing de las modistas?). Finalmente, la novia sólo debe ponerse el traje completo el día de la boda, por lo que algunas dejan deshecha hasta último momento alguna pequeña terminación.
El velo y los accesorios de la novia
El velo, igual que el vestido blanco, simboliza la pureza. En algunos lugares no se utiliza de color blanco sino azul, aludiendo a la Virgen María. Pero cada cultura explica de manera diferente el uso de velo: para Oriente medio, el velo debía ocultar la cara de la novia ante un novio que la veía por primera vez después de la ceremonia; para el Islam la mujer debe cubrirse por respeto a Mahoma; para los romanos, protege a la novia de los malos espíritus. Hoy en día, el velo se echa hacia atrás cuando el novio besa a la novia y se retira al finalizar la ceremonia.
Existe una tradición muy arraigada en los países angloparlantes que poco a poco fue difundiéndose y es la de que la novia debe llevar puestos, entre sus accesorios, algo nuevo, algo viejo, algo azul y algo prestado. Lo viejo simboliza lo que se deja atrás, la continuidad de la vida, y por lo tanto suele ser una joya familiar. Lo nuevo, la esperanza de un buen futuro: suele ser el vestido. Lo prestado simboliza la amistad, y se refiere a una antigua superstición de que se puede atraer la felicidad con un objeto de alguien que sea feliz. El azul representaba fidelidad en Israel, y suele ser la liga. Dicho sea de paso, en el siglo XV los invitados corrían a la novia para arrebatarle la liga, y hoy en día es ella la que entrega la liga a las mujeres solteras, con la creencia de que serán las próximas en contraer matrimonio.
El ramo de novia
La costumbre llegó a Europa gracias a los cruzados, que utilizaban la flor de azahar. Hoy es el novio el que compra el ramo y el padrino quien lo entrega a la novia. Las flores pueden ser de cualquier tipo. En cuanto a la costumbre de arrojar el ramo de novia, antes la novia tiraba un zapato hasta que la costumbre cambió. En Estados Unidos, el ramo se lanza hacia las amigas y parientas solteras, y dice la tradición que quien lo atrape se casa primero. En España, la pareja decide a quién entregar el ramo, así como la “parejita” que se pone sobre el pastel de bodas.
Otras tradiciones
La tradición de la luna de miel la comenzaron los teutones, al celebrar su boda en luna llena y tomar licor de miel por los siguientes 30 días. En cuanto al arroz que se arroja a la salida de los novios, comenzó en Oriente y simboliza fertilidad y prosperidad. Las arras son trece monedas de plata, oro y alpaca que el novio pone en manos de la novia al celebrarse el matrimonio religioso, y simbolizan los bienes compartidos del matrimonio y un obsequio a la novia a cambio de su virginidad. Finalmente, la costumbre de atar latas al coche de la nueva pareja proviene de los Tudor: los invitados les arrojaban sus zapatos y se consideraba afortunado que alguno golpeara el carruaje.