Es una de las situaciones más tristes que les puede tocar vivir a dos personas que, hasta hace poco, estaban planeando con entusiasmo su enlace. Sin embargo, puede llegar a ocurrir. Incluso, en ocasiones podemos encontrarnos con la penosa idea de cancelar nuestra boda cuando ya teníamos muy avanzada su preparación, hasta faltando pocos días para el evento. No debes desesperarte, sino considerar distintos aspectos de la cuestión con calma para tratar de hacer la ruptura lo más diplomática posible, tanto por tu propio bien como por el de los familiares y amigos que reciban tan inesperada noticia. A continuación, compartimos contigo algunos consejos.
¿Me caso o no me caso?
Si aún sientes dudas acerca de cancelar la boda o bien de seguir adelante con el enlace, tal vez te sirva saber que no eres la única persona que no puede dormir por esta indecisión. Son varias las parejas que, bien por un ataque de pánico de última hora, bien porque realmente nunca estuvieron seguros de querer casarse o por cualquier otro motivo, deciden cancelar la boda. En efecto, los cambios nunca son fáciles para los seres humanos y cuando se trata de comenzar una nueva vida, especialmente en pareja, los nervios pueden llegar a su punto máximo. Analiza la situación con cabeza fría.
¿Puede ser que te estén pesando las nuevas responsabilidades que implica contraer matrimonio? Además, ¿Te alteran los preparativos para el casamiento? Todos los pormenores –elegir salón, iglesia, comidas y bebidas, vestido, etc.- consumen gran parte de nuestras emociones, haciéndonos olvidar por momentos que lo fundamental es la decisión de compartir la vida con la persona que amamos. El pánico de casarse a última hora es normal, sin embargo hay algunos puntos que es necesario tener en cuenta para no tomar la decisión equivocada. A veces estas dudas son síntomas de problemas más serios que deben resolverse antes de contraer matrimonio.
Dentro de los motivos que no deberían llevarte a cancelar la boda, están la falta de deseo sexual (temporal, forma parte de la ansiedad del momento), la ex pareja de tu contrayente y las dudas a que se te compare, tu irritabilidad y otros sentimientos que, como ya dijimos, forman parte del estrés de los propios preparativos.
Pero hay motivos a los que sí deberías hacerles caso. Problemas constantes de pareja, conductas abusivas, consumo de sustancias, graves problemas con tu familia política, discrepancias religiosas, una infidelidad, diferencias en cuanto al deseo de tener o no hijos… todos estos inconvenientes no se solucionan con el matrimonio, sino que, por el contrario, empeoran. En un caso así, debes plantearte seriamente la posibilidad de cancelar la boda.
Una vez que se decide cancelar
Si finalmente tú, tu pareja o ambos han tomado la decisión de cancelar efectivamente el enlace, lo primero que debes hacer es pensar en los asistentes a la ceremonia. Claro que cuanto más avanzado se encuentre el proceso de organización, más complicado será cancelarlo de forma ordenada.
El avisar a los invitados sobre la cancelación de las nupcias, es quizá una de las etapas más arduas que los novios deberán vivir. Habiéndose enviado las invitaciones debe avisarse de la cancelación sin pérdida de tiempo, antes de que los invitados incurran en algún gasto para asistir aparte del regalo de bodas (por ejemplo, ropa de fiesta, desplazamientos, etc.).
Con tus invitados más cercanos, familiares y amigos, lo más indicado es informar personalmente de la situación. A los demás basta con una llamada telefónica, o incluso con el envío de una breve nota. No conviene extenderse demasiado, ni tampoco dar demasiadas explicaciones. Cualquiera que sean los motivos, ninguna causa de rompimiento es agradable para ninguna de las partes involucradas y llega a ser hasta muy embarazoso por todo lo que se tiene que pasar después del mismo. Si el tiempo corre en contra, y si se llegara a tratar de un número excesivo de invitados, se puede pedir ayuda a familiares y amigos cercanos.
Es un tema complicado, una decisión demasiado personal y difícil de tomar, qué hacer con los regalos que se hayan podido intercambiar los novios antes de la boda, así como con los anillos de compromiso. Si la disolución es de mutuo acuerdo, la pareja decidirá qué hacer con ellos, si conservarlos o devolverlos. Cuando la ruptura es por parte de uno de los novios, lo apropiado sería que la persona que rompe el compromiso devuelva el anillo, así como cualquier otro posible regalo relacionado. En cuanto a los regalos de boda que ya se hayan recibido, deberán devolverse con una nota de disculpas por las molestias ocasionadas y agradecimiento. Si se hubiera abierto una lista de regalos en alguna tienda, lo mejor será hablar con el encargado para encontrar la forma de que se les devuelva a los invitados, ya sea en efectivo o en vales, el costo del obsequio.
Mientras que algunas cosas se pueden anular sin inconvenientes, con otras debamos resignarnos a perder el dinero de su reserva. Por ejemplo, las reservas en el salón de fiesta o de los pasajes para la luna de miel, el vestido de novia, el traje del novio, las alianzas, etc. Sin embargo, en el caso del banquete o de la agencia de viaje tal vez se pueda negociar para sólo pagar un recargo por la cancelación.
Otro asunto delicado, que hay que tratar con calma (y sin descuidar cualquier tema legal que pudiera surgir), es que hacer en caso de que la pareja hubiera comprado conjuntamente la futura vivienda. Por lo general, lo más sencillo es vender la casa y dividir el dinero, pero a veces ocurre que uno de los novios desea comprar su parte al otro.
Luego de haber atravesado un momento tan difícil, lo fundamental es que cada uno de los novios trate de mirar hacia adelante, adopte una actitud positiva y considere que estas cosas pasan por algún motivo.