¿Te has comprometido? ¡Felicitaciones! Ahora es momento de organizar tu boda. Y lo primero que debes hacer (antes de seleccionar el lugar, las invitaciones o cualquier otra cosa), es definir la lista de invitados. La lista nos debe servir como guión para ir marcando las personas a las que hemos hecho llegar la invitación, así como para anotar cualquier tipo de información que tenga que ver con los invitados.
No es lo más divertido, y puede traerte a ti y a tu pareja (por no mencionar a los suegros) más de un dolor de cabeza. Pero aquí te proporcionaremos algunos consejos para facilitarte esta tarea impostergable.
Ante todo: definan el presupuesto
Seguro: todos quisiéramos una boda multitudinaria y espléndida como la del Príncipe Guillermo y la Princesa Máxima. Pero a diferencia de ellos, nosotros debemos limitarnos a lo que podemos gastar. El precio de los salones y del cubierto para el banquete dependen de la cantidad de invitados. Entonces, teniendo un estimativo de lo que podemos gastar en la boda, estaremos en condiciones de calcular aproximadamente a cuántas personas podemos invitar. Algunas parejas lo hacen al revés: comienzan por hacer una lista de todos los posibles invitados, y luego la recortan según el presupuesto. Pero empezar por los números nos da una idea más fría y exacta del tipo de boda al que podemos aspirar (íntima y familiar, o bien multitudinaria).
Grupos de invitados
Tradicionalmente, los invitados se van seleccionando por grupos, desde los más importantes hasta aquellos que se pueden obviar. Cada uno de los novios puede armar su lista por separado, o bien hacerla en forma conjunta. En primer lugar, hay que tener en cuenta a la familia de cada uno: padres y hermanos, tíos y abuelos, primos. Es conveniente que alguno de nuestros padres o familiar cercano revise la lista, para recordarnos los posibles olvidos, especialmente en cuanto a la familia se refiere. Después, a los amigos de cada uno y a los de la pareja, así como a sus respectivos acompañantes (si los hubiera). Después, compañeros de trabajo y por último, a los invitados de compromiso.
Se contabiliza la lista y allí se determina si es posible invitarlos a todos. Como por lo general el presupuesto no alcanza para tanto como nos gustaría, llega el momento de hacer recortes. Eso sí: podemos permitirnos dejar algunos invitados en “lista de espera”, contando que siempre hay algunas inasistencias y excusas de último momento.
¿A quiénes dejar afuera?
Cuando se trata de recortar invitados, lo mejor es adoptar una política de “todos o ninguno”. Para limitar y de paso evitar invitar a quien no se quiere invitar, puede marcarse una regla como sólo hasta el segundo grado de consaguinidad (primos hermanos sí, primos segundos no), o los de la misma localidad, o a partir de cierta edad. Por ejemplo, hay parejas que expresamente indican la no asistencia de niños al enlace. Pero si permites a tus primos pequeños venir, te costará más decirle a tu mejor amiga que deje en casa a su hijo.
Con los amigos, hay que tener cuidado con los que se auto-invitan, así como los que llevan a “parejas” de las que tú ni siquiera has oído hablar. El límite debes trazarlo indicándoles, en confianza, lo apretado de su presupuesto, y poner una regla tal como permitir a las parejas comprometidas o que conviven, y no a las casuales (que llevan juntos menos de seis meses).
Con respecto a los compañeros de trabajo, puedes limitarte a tu sección, tu piso o tu departamento, incluyendo a tu jefe para que no se ofenda, o bien no invitar a nadie, explicando que se trata de una ceremonia sencilla y familiar.
¿Qué ocurre con los invitados de compromiso? Se estila invitar a todos aquellos quienes, a su vez, los hayan invitado a su boda. Pero con respecto a los amigos de los padres, hay parejas que pagan ellos mismos la boda y que por ello optan por dejarlos afuera. Sin embargo, ésta no dejará de ser una cuestión espinosa. Tampoco es imprescindible invitar a aquellas personas a las que hace más de un año no están en tu vida o en tu ámbito afectivo.
Con respecto a los invitados que viven lejos, o en el extranjero, calcula que deberás pagarles una habitación en un hotel, así que te encarecerán el presupuesto. Salvo que sean ineludibles, puedes recortarlos.
Cuidado con las participaciones: al enviar las tarjetas participando al enlace, puedes generar confusiones y malos entendidos. Por ejemplo, si no quieres invitar a los niños, haz la invitación para “Sr. y Sra. López”; en cambio, si por el contrario deseas extender la invitación a los más pequeños, hazla a nombre de “Familia López”.
Otras posibilidades
Tal vez el presupuesto no te permita invitar a todos los de tu lista. Pero si no quieres dejar a nadie afuera, puedes optar por proponerles que asistan a la ceremonia y no al banquete, o bien sólo al cóctel de bienvenida. Con los más jóvenes (tus primos, tus hermanos menores, los hermanos de tus amigos) también funciona invitarlos al brindis después del banquete, y que se queden a bailar. Ninguno se ofenderá por no haber asistido a la cena.